Cada partícula de ti, cada átomo de mí. Ambos parte de este inerte ser.

Ambos vivos y muertos en la paradoja escatológica. Vivos, vivos y muertos a la vez.

Perdiendo el rumbo de las cosas, perdiendo nuestro centro.

Teniendo suerte de mordisquear la salsa errante de tu sangre.

Percibe, toca, lee y déjate invadir.

Estas ahora en mi mundo. Déjate ser.

//Juan Manuel Alvarez

martes, 18 de junio de 2013

Oscuro

El cuervo de nuevo pesco a la liebre más cara.
¡Qué oscura es la sangre al caer en los muros de vos!
Y que terror lo espeso de sus ojos en la oscuridad.
Me miraste y tu frío me devoró, tus rozar me ahorco.
Cerré los ojos y pude distinguir un punto amarillo,
era tu soplo, suave y tranquilo. Taciturno como una gota.
El pulso se volvió inestable, casi inentendible.
Imperceptible.

El niño ató al conejo de peluche en una cuerda,
lo arrastró lo arrastró, lo pulso como al agua al hacerla emborrachar.
Le hizo al amor, de su vientre en 9 segundos comenzaron a saltar
los caramelos y juegos que nunca pudo olvidar.

El orgasmo fue lúdico, baboso, lanudo.
¿Saben entonces la verdad del fuego de los besos?
Besos, como volcanes alados.
Donde mañanas volamos. Donde manadas bailamos.
Dentro, buena la ventana. Casi crudo entre tus cajas.
Tachas, Patas, Túnicas, Cárceles.
Todo caído y lluvioso. Asqueroso.


Juan Manuel Alvarez
SYAT

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