Cada partícula de ti, cada átomo de mí. Ambos parte de este inerte ser.

Ambos vivos y muertos en la paradoja escatológica. Vivos, vivos y muertos a la vez.

Perdiendo el rumbo de las cosas, perdiendo nuestro centro.

Teniendo suerte de mordisquear la salsa errante de tu sangre.

Percibe, toca, lee y déjate invadir.

Estas ahora en mi mundo. Déjate ser.

//Juan Manuel Alvarez

domingo, 30 de septiembre de 2012

La Presencia


Florencia Sédatif permanecía inmóvil dentro de sus sabanas verdes. Su lecho le proveía el calor y abrigo necesario para mantenerla en un profundo sueño; el reloj marco las seis de la madrugada con su lacónico llamado, aun así Florencia no lo escucho. Ella se hallaba en un mundo donde las repentinas ventiscas destruían los vidrios de los edificios, mataban a las aves al intentar escapar en vuelo y hacia huir a los animales terrestres del lugar como rinocerontes, leones y una especie irreconocible de osos con cabezas y narices gigantescas que convivían con los humanos en la ciudad. Ella y un grupo de personas decidió esconderse ante la venida de otra ventisca. Durante un instante volvió a su cama, acomodo sus sabanas y reanudo nuevamente con el sueño. Había oscurecido en la ciudad, Florencia había quedado sola en el escondite, iluminada por un insignificante foco que colgaba del techo. Apenas podía visualizar el final de la pequeña habitación que a los sobrevivientes les servía de refugio ante los fuertes vientos del exterior. Ella se acurruco en una esquina de la habitación y cerro los ojos porque el frío del húmedo refugio la agobiaba. 
Florencia no sabe exactamente cuanto tiempo estuvo ahí pero recuerda que fue el suficiente tiempo para olvidar que hacia ahí y no prever lo que le sucedería. Ella sintió como alguien hundió un dedo en su mejilla derecha. Supuso inmediatamente que alguno de sus amigos que había llegado de la expedición, pero al abrir los ojos no existía el refugio, estaba acostada en su cama, sola en la habitación. Sentía su cuerpo pesado, prácticamente paralizado, así que se limitó a revisar la habitación en lo que le permitía su campo visual. Cerró los ojos sin moverse, permaneció siempre en la misma posición. Nunca mas volvió al refugio, ni volvió a ver a sus amigos sobrevivientes. Su breve sueño solo fue oscuridad, solo escuchaba sus pensamientos, no había nada. Pero algo le hizo abrir nuevamente los ojos. Una caricia macabra recorría su pelo y su cuello hasta su hombro. Detrás de ella alguien la veía dormir, alguien la acariciaba. Solo podía ver las cortinas, detrás suyo se hallaba la macabra mano que la acariciaba. Su cuerpo simplemente dormía, no reaccionaba, no podía moverse. Su desesperación creció al advertir que el ser continuó el recorrido de la caricia por su brazo y vientre. Florencia Sédatif reaccionó con un salto, dándose vuelta y lanzando un grito y patadas en todas direcciones. Ella estaba sola en la habitación, con la cama completamente deshecha. Era su propia imaginación la que produjo semejante ilusión. Se levanto de la cama y decidió ir al baño a lavarse la cara. Caminó por el pasillo que la llevaba directamente al baño y abrió la puerta. Mojó su cara en el lavabo aun aturdida por su ilusión. Al levantar la mirada y verse en el espejo quedo helada. Lo que vio nunca lo pudo reproducir. Sus palabras solo pueden describir a ella misma, con sus ojos abiertos y pupilas blancas. Con su cara alucinada, su piel erizada y dejando caer el dentífrico al piso.

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