Cada partícula de ti, cada átomo de mí. Ambos parte de este inerte ser.

Ambos vivos y muertos en la paradoja escatológica. Vivos, vivos y muertos a la vez.

Perdiendo el rumbo de las cosas, perdiendo nuestro centro.

Teniendo suerte de mordisquear la salsa errante de tu sangre.

Percibe, toca, lee y déjate invadir.

Estas ahora en mi mundo. Déjate ser.

//Juan Manuel Alvarez

lunes, 28 de mayo de 2012

Pocos Peces en el Mar


Sabemos a donde vamos e igual nos dirigimos allí,
tenemos el peso de cada pescado ruborizado.
Tenemos lujos por azar y cada beso no significo amor,
cada abrazo no fue cariño ni tuvo en él nuestro calor característico.


Sin embargo ella supo con sus manos darme el sol,
y si de repente entiendes algo de fluctuación en lo que digo, 
es porque entiendes que te digo lo que digo sin decir.


Sabes que cada hombre no sabe nada de nada de él,
que la briza fue el abrigo solamente de tu vida,
que el abrazo fue un sueño que intentó no ser solo mío y fracasó.
Ya lo dijo mi abuelo alguna noche fría:
"Si la vida es mala es porque no tiene su aroma."


Fingimos entendernos, fingimos ser correctos
y sabemos que somos dos leones en celo con ansias de devorar.
Rompería todo en la vida por tenerte entre mis dedos.
Por crispar el mundo entero con tus caderas en el suelo.
Y lo se, perdiendo el rumbo caeremos en un abismo solido.


Total nadie nos espera,
y nadie se devorará los placeres que ellos pueden ofrecer.
Y cada pizca de tu olfato es un gemido.
Cada destello de tus ojos un orgasmo.
Cada rizo de tu pelo es el descanso de mi alma ofendida por el cuerpo.


Todos tenemos ese miedo a la soledad,
y con el taciturno suspiro de la espada en el rencor es igual.
Sabemos poseer, sabemos dialogar, mas nunca aprendimos amar.
Y yo que era el más perdido de los peces del mar,
me transforme en carnada de esta triste sociedad.

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