Cada partícula de ti, cada átomo de mí. Ambos parte de este inerte ser.

Ambos vivos y muertos en la paradoja escatológica. Vivos, vivos y muertos a la vez.

Perdiendo el rumbo de las cosas, perdiendo nuestro centro.

Teniendo suerte de mordisquear la salsa errante de tu sangre.

Percibe, toca, lee y déjate invadir.

Estas ahora en mi mundo. Déjate ser.

//Juan Manuel Alvarez

sábado, 12 de mayo de 2012

El dedo en la llaga


Hoy otra vez me recordaste a la muerte.
Hoy otra vez me regalaste una daga en medio de mi corazón.
Fue algo de suma inocencia o por pura oscuridad maldita.
Solo sé que toco mi corazón.

Y yo que pensé que tu olor era viejo,
ahora vuelve casi repentinamente de un solo momento al otro.
Todo eso que vivimos cae en el maremoto con el que tapaste mi garganta.
Y mientras te odio más, más me gusta que me recuerdes mi odio.
Y más me atas a este vicio mortal, a esta relación podrida.
A esta sangre destruida.

Porque metiste el dedo en mi llaga.
¿Por qué metiste el dedo en la llaga?
Y si supieras perder algo de tu orgullo
y yo pudiera limpiar mis palabras mal habidas.
Nada más, Solo eso bastaría para volvernos a tocar.
Para que tu cuerpo vuelva a ser mío y tuyo sea el mío.

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