Cada partícula de ti, cada átomo de mí. Ambos parte de este inerte ser.

Ambos vivos y muertos en la paradoja escatológica. Vivos, vivos y muertos a la vez.

Perdiendo el rumbo de las cosas, perdiendo nuestro centro.

Teniendo suerte de mordisquear la salsa errante de tu sangre.

Percibe, toca, lee y déjate invadir.

Estas ahora en mi mundo. Déjate ser.

//Juan Manuel Alvarez

domingo, 4 de diciembre de 2011

La caída


Surge emancipada de la lluvia poderosa. Vino desde allí, de las nubes. Revoloteó con sus pares en esa negra humedad hasta ser lo suficientemente grande y se lanzó. Miles de paracaidistas sin paracaídas, panzones y cristalinos se sumergen en la caída. Su caída, para la que nacieron. Su vida, su razón de vivir. Se lanzan todas juntas, ella cae y se desliza. Ella, mi gota. Porque es mía, porque si. Mi gotita, cae en mi frente. Ella, dulce y fría como caricia de invierno juguetea por mi frente, desarma algo de si en mi ceja, continua su camino por mi nariz y entra tiernamente en mis labios para confundirse con nuestra saliva que se fusiona irremediablemente.

 Nosotros todos empapados por las pequeñas paracaidistas; ella sonriente, yo enceguecido, ambos en un dulce esplendor. Ambos persiguiendo la pasión, ambos con heridas en el corazón, ambos sabiendo que no estábamos allí sino en otro lugar, ambos vivos, ambos muertos. Y las pequeñas gotitas solo desaparecieron, y en su llanto, su vestigio gris, quedo impregnado en nuestros cuerpos. Recuerdo que ahí volamos, no éramos nosotros personas sino gotitas, y las gotitas no eran eso sino humanos. Que ellas no venían a nosotros, nosotros fuimos a ellas y no se deshicieron en nosotros sino nosotros en ellas. Volamos, saltamos y tropezamos contra el lago, más bien contra esa multitud engrumecida y apretujada. Nos zambullimos en ese tumulto y lo mojamos por completo y nos deshicimos otra vez...

Juan Manuel Alvarez/inspirado en Julio Cortázar

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