Cada partícula de ti, cada átomo de mí. Ambos parte de este inerte ser.

Ambos vivos y muertos en la paradoja escatológica. Vivos, vivos y muertos a la vez.

Perdiendo el rumbo de las cosas, perdiendo nuestro centro.

Teniendo suerte de mordisquear la salsa errante de tu sangre.

Percibe, toca, lee y déjate invadir.

Estas ahora en mi mundo. Déjate ser.

//Juan Manuel Alvarez

jueves, 29 de septiembre de 2011

Silencio

Si "amor" es una palabra chica para mi,
si es que todo me remonta a ti,
si tus ojos son lo único que anhelo ver,
si tus manos son lo único que calienta mi ser,
si solo tu risa me hace reír,
si todos los días te sueño ahí.

Es porque te quiero,
pero eso no alcanza porque como dije
no existen palabras, ni versos vacíos
que expliquen a otro hombre lo que me ha sucedido,
desde que me besaste, y mucho antes también.
solo se que en tus brazos yo me siento bien.

No nos decimos nada por esa misma razón,
tu cara lo dice todo, no necesitamos explicación.
y si "te amo", "me encantas" y "te adoro" no es suficiente...
¿Como te expreso hoy ahora esto que siento?
Mejor no decir nada, mirarte y reír.
Mejor callarnos de un beso y sonreír.
Mejor acostarse en el otro y mirarse hasta sangrar.
Mejor olvidarse que existen las palabras y solo ladrar.

martes, 27 de septiembre de 2011

El texto se llamaba "Tabarra" / La imagen


El Texto se llama "Tabarra"

Mientras leía, el personaje principal leía también. Sus manos sostenían el cuento que recién comenzaba, el personaje principal de este también lo hacía. Él pensó inocentemente que esto era una broma y que el escritor le estaba tomando el pelo, el personaje principal pensaba lo mismo del suyo. Él seguía leyendo por curiosidad pero en realidad no le parecía esto algo coherente, al personaje principal tampoco el suyo. El texto ciertamente le causo una sonrisa, según este, el personaje sonrió al leer una oración en particular. Probablemente el lector se halla mordido el labio despectivamente negando con la cabeza, el escritor tampoco pudo precisarlo con el personaje aunque lo creyó posible.  Seguía leyendo y comprobó que todo el manojo de palabras que le faltaban leer eran el mismo cuento, definitivamente lo eran. De igual manera, lo hizo porque en su texto así lo hacía el personaje principal. El texto que leía comenzaba a ser repetitivo y rondaba siempre sobre lo mismo, el personaje principal afirmo sin expresarlo en voz alta, que así era. Siguió leyendo hasta que termino el párrafo.

Se tomo unos segundos mientras leía el segundo párrafo, que solo tenía una oración, y siguió.

El lector comenzó a divertirse con este sistema, porque al parecer al personaje principal también le divertía. No puedo asegurar que lo haya expresado en una manifestación física o verbal, pero comenzaba a disfrutar esa técnica. No les puedo decir si estaba yo con él mientras lo leía, pero sé que le hubiera gustado que así fuese, el escritor del cuento que lee también piensa lo mismo de su personaje.

Leía atentamente para no perderse entre el personaje y el personaje del texto que leía su personaje, pero no era tan complicado después de todo. No necesitó mucho mayor esfuerzo para leer esa última frase. El lector, no puedo ratificarlo, volvió a morderse el labio justo después de leer la posibilidad de que el personaje de su cuento lo haya hecho también él. Sus dudas sobre el texto eran cada vez más grandes y su personaje dudaba cada vez más del  estado natural. ¿Cómo saber si en realidad no somos más que el texto de un ser superior, que escribió las líneas de nuestra lectura con más o menos exactitud y que moriremos cuando el lector supremo termine nuestra lectura? Aunque no se le puede llamar muerte en sí, seria más bien, desvanecimiento de la existencia material, aunque si esto es así, nunca fuimos materia. En fin, el lector se puso a pensar en los planteos filosóficos del escritor mientras dejaba al personaje pensando en los de su propio escritor. El texto siempre remitía a lo mismo y aunque este era bastante corto, yo diría que demasiado, Al lector le genero cierta irritación. Pero eso sí, le reconocía la originalidad de la obra. Aunque yo habiéndola leído no diría lo mismo. Por lo tanto, porque el lector ya lo tenía sabido y asumido por haber leído ya gran parte del texto, el personaje principal pensaba lo mismo del texto que leía él.

El texto era cada vez mas obstinado y el comienzo del nuevo párrafo no indicaba nada nuevo realmente. El personaje principal reacciono repentinamente al leer unas líneas, bajo la mirada y leyó la última oración. Como pareció no entenderlo siguió leyendo desde donde venia, no entendía como había llegado a ese final. El lector intrigado y al saber que posiblemente era él también el personaje principal de un texto superior obedeció a su cuento y leyó la última oración. El tampoco entendió que paso aunque se molesto bastante porque su final era pésimo.

Todos los hilos de la historia comenzaron a entrelazarse en una extraña maraña de palabras inconexas. Paradas, manteles, luces fichas, aeropuerto, libro mano, luz, fealdad, felicidad. Esas y otras palabras aparecían sin sentido alguno en el texto, o a modo de ejemplo, depende del lector. Todo comenzó a desmoronarse en el cuento pero el personaje principal no lo percibía. Él seguía leyendo y nada pasaba desde sus ojos. Tanto el lector como el personaje principal leían plácidamente su texto sin miedo a concretarse en “LA REALIDAD” todas las atrocidades que el autor nombraba en el texto. Terremotos y temblores, sangre y persecuciones. El lector sonrió, envuelto en llamas imperceptibles para él, y también lo hizo el personaje principal de su cuento, que estaba en la misma situación. Leían atentamente porque querían entender cómo era posible concretar el final con el resto del texto. No tenía sentido. El lector volvió a sonreír al leer que el personaje principal sonreía. Era una especie de espejo. Ciertamente la sonrisa no era particularmente perceptible, era más bien una pequeña contracción de la boca. Leía y leía, Vio próxima la última oración. Creyó que por fin entendería  esa última oración, el personaje principal estaba atento al final del texto. Los dos, o los tres, o los cuatro, o valla a saber cuántos, estaban a punto de terminar. Entonces entendieron, entendieron el final. Entendieron que el final era falso y que eso que decía no le había ocurrido al personaje principal, ni al lector, ni al escritor, ni a nadie.

Qué locura, El meteorito cayendo sobre su cabeza como un yunque o una piedra enorme en una tragedia de mas bizarra.


Inspirado en “La continuidad de los parques” (Julio Cortázar) y en "Como deshacerse de una vez por todas de la cultura" (Woody Allen). Tal vez este texto te remita a estas  dos narrativas. Si es así, es porque justamente fueron mi inspiración y probablemente esto sea una especie de plagio. Júzguenlo ustedes mismos. Juan Manuel Alvarez


 La Imagen




La oscuridad eterna desapareció ante la oportunidad que a mis ojos se le daba. La veía tan hermosa en mi alcoba. Su cuerpo era una preciosa obra maestra tallada por Dios para mí, personalmente. Sus ojos me llevaban al mismo cielo porque sus pupilas se dilataban rápidamente y eso me excitaba. Su pelo flameaba, era suave, con aroma a shampoo de las marcas importadas más caras y flotaba al levantarlo el viento de noche primaveral que entraba por la ventana. Su perfume en el cuello me estremecía casi al punto de causarme un cataclismo energético. Era perfecto, los dos nos metamorfoseamos en una masa de carne y pasión remunerada por el deseo mutuo. El mar de los deseos nos llevó hacia la manía y termino en una explosión catatónica de amor fulminante, dormimos en un sueño profundo que duro ocho horas o tal vez toda una vida, no lo recuerdo. Abrimos los ojos casi al mismo tiempo. Casi sin sentir el frio de su cuerpo, salió de la cama corriendo, robo mis sabanas para ocultar su ser de mi golfa vista. Nuestras mascaras se cayeron al dormir. Nuestros ojos vieron la patética realidad del otro y estremecimos. “¡UN BICHO!” grito ella.


Juan Manuel Alvarez