Cada partícula de ti, cada átomo de mí. Ambos parte de este inerte ser.

Ambos vivos y muertos en la paradoja escatológica. Vivos, vivos y muertos a la vez.

Perdiendo el rumbo de las cosas, perdiendo nuestro centro.

Teniendo suerte de mordisquear la salsa errante de tu sangre.

Percibe, toca, lee y déjate invadir.

Estas ahora en mi mundo. Déjate ser.

//Juan Manuel Alvarez

martes, 28 de junio de 2011

La magia de perder y ganar


Todos nos ponemos en alerta, corremos, nos agachamos y tomamos una moneda al localizarla en el suelo. Pero nunca nos preguntamos, ¿De dónde vienen estas monedas? ¿Sera de una señora mayor que por su vejez no se percato de haber dejado atrás a un pequeño pedazo de su esfuerzo cotidiano? ¿Sera de un hombre apurado por llegar al trabajo que, en su afán por ganar más, dejo esos veinticinco centavos en el suelo? Nadie lo sabe con certeza. Lo cierto es que tal vez seamos nosotros mismos, si al fin y al cabo, nadie sabe a quién se le cayó. Aunque si uno lo piensa desde otro ángulo, dejar monedas en la calle no es más ni menos que pagar, por la felicidad ajena. Y cuanto más sea lo que nosotros pagamos, mas felicidad se le da a la persona, aunque en sí, uno no paga, no paga porque no lo siente pagar, nunca lo descubre, nunca se percata, nunca pierde y es por eso que es la magia; la magia de encontrar monedas en la calle. Porque nadie es consciente de perderlas, es mas seguramente tu perdiste más dinero perdiéndolo en la calle del que ganaste encontrando monedas ajenas, sin embargo, uno nunca se percata y uno nunca pierde. Uno paga por la felicidad del otro y el otro, con el rostro iluminado toma el peso que vos, aquella vez, dejaste atrás.

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